Navidad Codo a Codo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ángel Daniel de Toro   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 11:52

Los cristianos hemos intentado siempre una solidaridad de altura y hemos de seguir. Quizá las leyes más antiguas de la solidaridad sean las relativas a la hospitalidad; sin necesidad de normativa alguna, en las familias y en las tribus se ha practicado siempre generosamente, por lo que en todas las civilizaciones surgieron instituciones de apoyo.

Un salto cualitativo se produce con la llegada del cristianismo que formula con toda claridad el amor al prójimo como a uno mismo, superando la vieja ley judía del ojo por ojo y diente por diente. La Iglesia, entre sus rasgos fundacionales, incluye las palabras del Maestro: El Espíritu del Señor está sobre mí,  por lo cual me ha ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado para anunciar la redención a los cautivos y devolver la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor (Lc. 4,18-19). Desde los inicios, se concretó la solidaridad de mil formas; quizá la más evidente sea la designación de los siete diáconos (Hch.6, 5-6) Hoy día, Cáritas, asume el ejercicio de la  caridad en la Iglesia, y Benedicto XVI ha señalado que es tan esencial como el anuncio de la Palabra o la administración de los sacramentos (Deus caritas est, 22).

 La solidaridad, por su arraigo en el corazón del hombre, enriquece la convivencia  y  genera  sinergias: simbiosis  de fuerzas  con efecto superior a la multiplicación de fuerzas. Es una de esas ideas troncales de las que todos  participamos, que logra aglutinar los esfuerzos y mejora los resultados. Si 3+3=6, y 3x3=9, el operador sinergia –que podemos representar como “g” minúscula–, obtendríamos un valor muy superior a los dos resultados anteriores: 3 g 3= 33. Por si no queda claro, me explico: si tenemos dos treses, ¿por qué nos conformamos con sumarlos? No se consigue así todo el rendimiento. Tampoco multiplicándolos. El mayor rendimiento se les saca colocando el uno al lado del otro, sí, poniéndolos codo a codo, que es la única forma de conseguir 33. Siempre que una de estas ideas troncales aparece en la vida social, se produce un despegue cultural, moral, artístico... un progreso nunca antes dado. Ejemplos pueden encontrarse en la convivencia saludable entre distintas culturas, ideas, grupos y religiones.

Si acertamos a impulsar la práctica de la caridad efectiva, que comienza por caminar codo a codo, podríamos dar un gran salto. Todos nos consideramos altamente solidarios y son muchos los que nos urgen hoy a que apliquemos, de modo concreto, estos deseos, y este sentimiento se da con carácter universal: norte-sur, este-oeste, izquierda-derecha, jóvenes y mayores. ¡Cuánto mejoraría la convivencia si esta idea integradora se instalara con fuerza en la vida social! Estas fiestas navideñas son un buen momento para empezar a ejercer el contrapunto a la sociedad fragmentada e individualista que nos ahoga.

ESPERANDO LA NAVIDAD


Unas pobres pajas
esperan al Niño,
habiendo entregado
sus granos de trigo.
El corazón grande está
dispuesto y limpio.

Yo ¿cómo lo espero?
¿Soy paja o soy trigo?
¿Lo he entregado todo?

¿Espero al Amigo
que me llega débil,
y pequeño y limpio?

¡Ven Señor, no tardes!
Hazme paja y trigo,
y que siempre espere
con alma de niño,
Navidades nuevas,
bien dispuesto y limpio.

Ángel Daniel de Toro

 

 

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