LA VERDAD EN TIEMPOS DE CRISIS PDF Imprimir E-mail
Escrito por Angel Daniel de Toro   
Jueves, 22 de Abril de 2010 19:13

Entre las realidades que hoy preocupan más se encuentra la crisis. Se han dicho tantas cosas, y se toman tan poco en serio las voces desinteresadas y autorizadas como la del Papa en la encíclica social “Caritas in veritate”, que nos regalaba el pasado 7 de Julio de 2009, en la que con hondura y bien fundamentada, muestra cómo “la caridad en la verdad es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad”[1]. Sin lugar a dudas, “Caritas in veritate” es un instrumento importantísimo para ayudarnos a realizar una lectura específica sobre las causas morales de la crisis económica en la que estamos inmersos. Una crisis que ya predecía en 1985, el entonces cardenal Ratzinger, en el Simposio “Iglesia y Economía en Diálogo” celebrado en Roma, con la conferencia (“Market Economy and Ethics”). Aquel vaticinio del futuro Papa, no se fundaba tanto en teorías económicas, cuanto en la constatación de la violación de los principios básicos de la justicia social[2]. Si se quiere superar esta crisis y que no se cierre en falso, habrá que abordar las causas morales que la han provocado, porque no se trata de ciclos naturales como se dice con tanta frecuencia, aplicando medidas-parche que alivian el impacto del mal momento. Es algo más profundo, por eso son muy pocos los que se atreven a reconocer y denunciar las causas morales de esta recesión y a plantear soluciones estructurales que sanen de raíz el problema. El mismo Felipe González dice: “No se están tomando las medidas necesarias para superar la crisis, de forma que superada la recesión, se puede estar incubando la siguiente crisis económica”[3]. Lo que parece estarnos demostrando que estamos reduciendo la democracia a un mecanismo de regulación de intereses que promulga leyes que representan simplemente una especie de denominador común de las diversas conveniencias, opiniones u intereses de cualquier grupo social, aún cuando esté en cuestión nada más y nada menos que el bien común o el derecho a la vida de los más débiles e inocentes, como ocurre en el caso de la ley del aborto. En nuestra democracia ya no ganan las mayorías más que el día de las elecciones[4]. ¡Qué triste!. ¿No será que las minorías son más fáciles de dirigir?

Pero no quiero quedarme en la crítica fácil y voy a hacer algunas propuestas: Me centro, en primer lugar, en un importante factor que está en la base del problema moral causante de la crisis económica. La falta de templanza en el consumo, provocada desde múltiples resortes publicitarios[5], culturales, políticos etc. Es evidente que los datos espectaculares del crecimiento económico que hemos vivido los años precedentes a la crisis, estaban muy ligados a un consumo artificial e “inflado”, que resultaba insostenible a medio y largo plazo. Pero lejos de afrontar el problema con realismo, los responsables de la economía seguían dirigiéndonos múltiples llamamientos a reactivar el consumo e incluso incentivándolo[6]. En vez de educar en el consumo responsable, se crean necesidades donde no las hay, para mantener expectativas económicas irreales. Por este camino fácilmente podríamos salir de una crisis para entrar en otra, y otra... ¿No sería más saludable la dirección contraria? Habría que matizar mucho las respuestas, porque hay que reflexionar también sobre la templanza en la producción de bienes que dieran respuestas reales a las necesidades primarias de todos los que no tienen acceso a ellos. Producir y consumir solidariamente es el ejercicio de ida y vuelta  que lleva consigo compartir de veras con los necesitados.

Qué decir de tantos bienes que no se ponen de forma equilibrada al servicio del desarrollo del Tercer Mundo y de los países en vías de desarrollo, paradójicamente nuestra insolidaridad y egoísmo se vuelven contra nosotros. Miremos por ejemplo cómo nuestras multinacionales establecidas en países pobres realizan una producción, en condiciones infrahumanas eso sí, a precios sin posible competencia hasta estrangular a muchas empresas en occidente. La lógica de la máxima ganancia termina por cavar la tumba de la economía mundial contemporánea. ¡Qué torpes somos! Lo único positivo que tiene es que no excluye a sus propios impulsores.

 

 


[1] - BENEDICTO XVI,  “Caritas in veritate” nº 1

[2] - JOSÉ IGNACIO MUNILLA “Las Cartas sobre la mesa”  Pg. 57 Ed. Ciudadela, Madrid 2009.

[3] - FELIPE GONZALEZ 13-1-2010 “Desayunos de la 2”

[4] - No digo esto gratuitamente, hay realidades sociales como la clase de  religión, sometida a referéndum y ganándolo durante unos treinta años con un 80 % del alumnado, que se siguen poniendo en tela de juicio, mientras que a otras  reivindicadas por un 7 ó un 8 % se les dan cartas de ciudadanía con todos sus derechos.

[5] - La publicidad en España, a pesar de tener prohibido el mensaje subliminal, lo sigue utilizando en muchos casos.

[6] - Leyes de desgravación de 2ª vivienda, la falta de apoyo al ahorro... por no nombrar otras más peliagudas.

 

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